De 3 a 10 jugadores. La partida dura lo que queráis y cada ronda cambia el narrador, así que todos pasáis por el mismo apuro.
Al entrar en la sala, cada jugador sube al menos 6 imágenes de su galería. Solo tú ves tu mano: los demás no saben con qué juegas.
Cada ronda uno es narrador: elige una de sus cartas y escribe una pista (una palabra, una frase, una canción…). Que no sea ni obvia ni imposible.
El resto busca en su mano la carta que mejor encaje con la pista y la echa al montón. Se mezclan y se muestran boca arriba.
Todos menos el narrador votan cuál creen que era la carta original. Aquí es donde la gente pica y donde está la gracia.
Si aciertan todos o no acierta nadie, el narrador se queda a 0 y los demás suman 2. Si no, narrador y acertantes suman 3. Y cada voto que reciba tu carta te da 1 punto: colar tu foto es tan bueno como acertar, hasta un máximo de 3.
La partida termina en cuanto alguien alcanza los 25 puntos. Salen unas 9 o 10 rondas: media hora larga de risas, seáis 3 o seáis 10 en la mesa.
Todos sueltan fotos en un mismo montón. Al empezar se reparten 6 cartas al azar a cada jugador y, al terminar la ronda, la carta jugada se descarta y entra otra nueva. Es el modo más caótico: acabas jugando con la foto del gato de alguien que no conoces.
Cada jugador juega solo con sus imágenes o con un mazo guardado de antes. Más de confianza: aquí sí reconoces de dónde salen las cartas.